Mi niña, ese Ángel al que busqué en tantas mujeres, al fin lo encuentro en ti.
Ese ser al que mi ser no hallaba
al fin lo halló en ti,
ese corazón al que mi corazón latir no escuchaba,
al fin latir lo escuchó.
Esa niña, mi niña
callada, seria, pensativa;
con esos ojos tan expresivos
tan llenos de amor, ingenuidad, vivacidad.
Mis labios sonríen, al sentir tu sonrisa
mi corazón late al sentirte tan cerca de mí,
mis manos sudan al pensar que algún día
te olvides de mí.
No importa cuan lejos esté de ti
ni el tiempo que esté así
nunca me olvidaré de ti.
Y llegará el día en que ni el tiempo
ni la distancia nos separen.
Entonces seremos uno de otro
existiremos uno para el otro
caminaremos uno al lado del otro,
juntos siempre juntos.
Hasta que la muerte nos separe
¿Hasta que la muerte nos separe?
eso solo lo sabremos
cuando llegue ese momento.
Gilberto Rodriguez Moreno 16 / abril / 1976
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