martes, 3 de julio de 2018

Y con un rítmico subir y bajar de mandíbulas
se recrean los pequeños burgueses.

y no haciendo más que eso, observo. 

Pensando tal vez que el mundo es una bocanada de humo.

Se me ocurre ¿que hora será? que más da.

Si lo que más me debe importar que estoy aquí,
y me siento bien.

Y echando una mirada a mi alrededor, veo gente comer.

Y como ellos, en un sentido inconsciente todos a la vez,
tratamos de olvidarnos de lo que es miseria y rutina.

¿Rutina? ¡pero si lo que veo es rutina! ¿o no lo es?  

A fin de cuentas ya no podemos hacer nada nuevo,
porque hasta el fornicar puede ser rutina.

Y si lo es, comenzamos otra vez,
porque todo un circulo vicioso es.

Donde el no pagar la cuenta es algo tan viejo.

Que ya ni se antoja hacer.

Dediquemos pues a seguir viendo las piernas de aquella muchacha.

¡Oh! ¡que ya se fue!

Y viendo pasar a una mujer que pide dinero porque dice no tener.

O aquellos dos que se besan con un sentir de desgano; mastican, mastican, fumo y hablo; pensando en que debe haber algo mejor que estar aquí, porque siempre existe ese deseo de terminar la situación que lleva a nada, porque solo rutina es.
Y por lo general, todos quedamos comprometidos a seguirla con estas acciones de olvido hacia nosotros.

Escribir esto ¿servirá de algo?
Tal vez hacer algo nuevo este día
pero si al final, todo rutina es
y el papel se termina,
mejor aquí la dejamos para otro día.

Bernardo Contreras y Gilberto Rodriguez Moreno (café La Blanca) 15/ene/1976


 

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